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¿Tendremos alguna vez una alternativa digital que ofrezca el mismo equilibrio de comodidad y libertad que el efectivo?

El efectivo: una tecnología milenaria que puede resultar imposible de recrear en una forma más avanzada.

Una característica del efectivo físico que las tarjetas de pago y las aplicaciones no tienen es la libertad. Llamados “instrumentos al portador”, los billetes y monedas se presumen propiedad de quien los posee. Podemos usarlos para realizar transacciones con otra persona sin que un tercero se interponga en el camino. Las empresas no pueden crear perfiles publicitarios o calificaciones crediticias a partir de nuestros datos, y los gobiernos no pueden rastrear nuestros movimientos. Y aunque se puede rechazar una tarjeta de crédito y perder un cheque, la entrega de dinero funciona siempre, al instante.

 

¿Quién desarrollará y controlará los sistemas de pago electrónico del futuro?

La mayoría de los existentes están a cargo de empresas privadas, y muchos gobiernos buscan desarrollar algún tipo de sustituto electrónico para billetes y monedas.

Por otra parte, los defensores de las criptomonedas defienden que estas son la única solución a prueba de vigilancia como el efectivo, pero ¿es técnicamente posible alcanzar el nivel de descentralización de Bitcoin y la velocidad, escala, privacidad y facilidad de uso que esperamos de los métodos de pago tradicionales?

En resumen, tenemos tres vías para el futuro del dinero digital, ninguna de las cuales ofrece la misma combinación de libertad y facilidad de uso que caracteriza al efectivo.

Las empresas privadas tienen un incentivo evidente para monetizar nuestros datos y buscar beneficios por encima del interés público. El dinero del gobierno digital aún puede usarse para rastrearnos, incluso por gobiernos bien intencionados, y para los menos benignos es una herramienta fantástica para la vigilancia. Y la criptomoneda puede resultar útil cuando las libertades están en riesgo, pero es probable que no funcione a escala en el corto plazo, si es que llega a funcionar.

Fuente: MIT Technology Review

Foto: Andrea Daquino