Observatorio
Fomentar el consumo y mantener la competitividad son dos de los principales objetivos de cualquier empresa. Visa y Mastercard no son una excepción. Las dos mayores redes de pagos del mundo han puesto en marcha una estrategia para reforzar su posición en Europa en un momento especialmente delicado para sus intereses.
La Unión Europea lleva años buscando reducir su dependencia de las infraestructuras tecnológicas y financieras estadounidenses. Dentro de esa estrategia, el desarrollo del euro digital y la creación de sistemas de pago europeos pretenden ofrecer una alternativa a la hegemonía de compañías como Visa y Mastercard, que actualmente procesan gran parte de los pagos electrónicos realizados en el continente.
Ante este escenario, ambas compañías perciben una amenaza potencial a su cuota de mercado. Si Europa consigue desarrollar con éxito una infraestructura propia de pagos digitales, perderían millones de transacciones que hoy pasan por sus redes.
La respuesta de Visa: inversión y presencia estratégica
Para hacer frente a esta situación, Visa ha anunciado una inversión de 500 millones de euros en Europa durante la próxima década. La compañía destinará estos recursos a la construcción de nuevas infraestructuras tecnológicas, centros de datos, proyectos de ciberseguridad y centros de innovación que le permitan reforzar su presencia en el continente y estrechar la colaboración con instituciones y reguladores europeos.
Sin embargo, la inversión económica es solo una parte de la estrategia.
Tanto Visa como Mastercard están apostando por un nuevo modelo de comercio impulsado por la inteligencia artificial, conocido como agentic commerce. Este sistema permitirá que asistentes de IA actúen en nombre de los usuarios para buscar productos, comparar precios, seleccionar las mejores ofertas e incluso completar compras de forma autónoma dentro de los límites previamente establecidos por el consumidor.
Las compañías consideran que esta tecnología puede transformar profundamente el comercio digital. Si los agentes de inteligencia artificial son capaces de gestionar compras y pagos de manera automática, el volumen de transacciones podría aumentar significativamente, beneficiando a las redes de pago que procesan dichas operaciones.
El objetivo de Visa y Mastercard no es desarrollar los asistentes de IA, sino convertirse en la infraestructura financiera sobre la que estos funcionen. En otras palabras, buscan garantizar que cuando las inteligencias artificiales comiencen a comprar por los consumidores, los pagos sigan pasando por sus redes.
En definitiva, nos encontramos ante un punto de inflexión: la capacidad de Europa para desarrollar un euro digital competitivo determinará si puede recuperar soberanía en los pagos o si Visa y Mastercard, respaldadas por la revolución de la inteligencia artificial, seguirán dominando el sistema financiero del futuro.
Fuentes empleadas