Observatorio
“Creo que las redes, su adicción a las redes, han cambiado el modo en que funciona su cerebro”
“No tiene memoria a largo plazo. No sabe vivir sin un teléfono. Es capaz de emprender una batalla solo con que toques su móvil”
Dijo la madre de Kaley G. M. durante el juicio celebrado en Nuevo México contra Meta, en marzo de 2026, en una de las sentencias más importantes hasta la fecha sobre el impacto de las redes sociales en menores. Según los abogados de la familia, las plataformas contribuyeron directamente a que Kaley desarrollara cuadros clínicos de ansiedad, depresión y dismorfia corporal tras años de uso intensivo de redes sociales que comenzó cuando tenía seis años y en las que llegó a pasar hasta 16 horas al día.
Pero el caso de Kaley no era el único. A las puertas del juzgado se concentraban decenas de padres que habían perdido a sus hijos por suicidio tras desarrollar adicciones severas a estas plataformas. Testimonios que evidencian que no se trataba de una excepción, sino de un patrón cada vez más visible.
El juicio se desarrolló durante varias semanas y giró en torno a una cuestión clave: si Meta conocía los riesgos de sus productos y, aun así, no actuó. Durante el proceso, la acusación presentó pruebas muy concretas, pero para entender su fuerza hay que retroceder unos años, al momento en que empezaron a saltar las alarmas.
Origen del caso: las primeras alertas
En 2021, la ingeniera y exempleada de Facebook, Frances Haugen, filtró más de 20.000 documentos internos que demostraban que la empresa era consciente del impacto negativo de sus plataformas en menores. Estos informes revelaban, entre otras cosas, que 1 de cada 3 adolescentes veía empeorada su imagen corporal, así como que los algoritmos tendían a dirigir a los usuarios hacia contenido cada vez más extremo. A pesar de estas evidencias, las medidas adoptadas fueron mínimas, lo que provocó la apertura de investigaciones en más de 40 estados de Estados Unidos.
A partir de estas revelaciones, los fiscales construyeron el caso apoyándose en pruebas empíricas. Entre ellas, crearon perfiles falsos de menores de 13 años y comprobaron que, en menos de 24 horas, recibían contenido sexualizado o potencialmente peligroso. Uno de los experimentos más impactantes consistió en simular una cuenta de una madre dispuesta a “ofrecer” a su hijo menor: la plataforma no solo permitió la difusión de este contenido, sino que además lo conectó con otros usuarios y grupos similares, evidenciando graves fallos en los sistemas de control y moderación.
Situación actual: dimensión del problema
A pesar de todo, cuando el caso llega a juicio en 2026, la dimensión del problema ya es difícil de controlar. Meta cuenta con más de 3.000 millones de usuarios activos en todo el mundo, con un uso medio entre adolescentes que supera las 3 horas diarias. Además, 1.500 demandas similares en Estados Unidos.
Durante el juicio, se demostró que la empresa no solo conocía estos riesgos, sino que priorizó su modelo de negocio. Meta facturó más de 130.000 millones de dólares anuales, basado en maximizar el tiempo de uso. El jurado concluyó que este modelo estaba vinculado a los daños y la condenó a pagar 375 millones de dólares, una cifra elevada pero limitada si se compara con los beneficios de la compañía.
Esta sentencia marca un punto de inflexión: ya no se juzga únicamente el contenido que circula en las redes, sino el propio diseño de las plataformas. Por primera vez, se reconoce que una empresa puede ser responsable no solo del contenido que difunden sus usuarios, sino también de cómo sus algoritmos y sistemas de recomendación amplifican determinados comportamientos. A partir de este precedente, comienzan a plantearse medidas regulatorias más estrictas, como restricciones de acceso a menores de 16 años o la obligación de introducir sistemas de verificación de edad y límites en el diseño adictivo, como ya se ha planteado en países como Australia o en el marco regulatorio de la Unión Europea.
Pero, entonces, ¿es suficiente una multa para corregir un modelo que sigue perjudicando a las nuevas generaciones? ¿Puede una indemnización compensar un daño que continúa reproduciéndose cada día? ¿Estamos realmente ante un cambio o simplemente ante el coste asumido de un sistema que prioriza el beneficio económico sobre el bienestar?
Porque, en el fondo, la cuestión no es cuánto debería pagarse, sino cuánto estamos dispuestos a tolerar y hasta qué punto somos conscientes del poder que estas plataformas tienen para influir y transformar nuestra sociedad.
Fuentes empleadas
- El País. (2026, marzo 25). Una sentencia pionera condena a Meta a pagar 375 millones de dólares por no proteger a los menores en las redes sociales. Una sentencia pionera condena a Meta a pagar 375 millones de dólares por no proteger a los menores en las redes sociales | Tecnología | EL PAÍS
- El País. (2026, marzo 30). De una exempleada de Facebook a padres desesperados: así se fraguó el mayor revés judicial contra las redes sociales. De una exempleada de Facebook a padres desesperados: así se fraguó el mayor revés judicial contra las redes sociales | Tecnología | EL PAÍS
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Suicide worldwide in the 21st century. Suicide worldwide in 2021: global health estimates
- Pew Research Center. (2025). Teens, Social Media and Mental Health. Social Media and Teens’ Mental Health: What Teens and Their Parents Say | Pew Research Center