Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 están dejando imágenes deportivas conmovedoras. Desde la lesión de Lindsey Vonn en plena competición hasta las medallas logradas por los españoles Oriol Cardona y Ana Alonso Rodríguez en la nueva disciplina olímpica del esquí de montaña. A ello se suma la extraordinaria actuación de Audrey Pascual, que ha conquistado varios oros con unas actuaciones históricas, consolidándose como una de las grandes protagonistas de estos Juegos paraolímpicos.

Sin embargo, más allá de las pistas nevadas y de los podios, existe una cuestión menos visible para el público: la problemática de los pagos durante los Juegos, un asunto que ha puesto sobre la mesa debates económicos y tecnológicos en Europa.

Una experiencia de pago muy limitada

En las tiendas oficiales de los Juegos y en varios servicios asociados al evento, los pagos con tarjeta han sido prácticamente la única opción operativa, debido al acuerdo comercial entre el International Olympic Committee y la compañía de pagos Visa, vigente desde 1986 y extendido hasta 2032. Esto implica que solo se aceptan tarjetas de ese sistema en muchos puntos de venta oficiales.

En la práctica, esto ha provocado situaciones curiosas para algunos visitantes. En la tienda principal de recuerdos en Milán, situada cerca del Duomo, varios compradores tuvieron que abandonar la cola al descubrir que sus tarjetas no eran válidas. Algunos optaron por retirar dinero en cajeros automáticos instalados para la ocasión para poder acometer estos pagos.

Este modelo refleja una tendencia más amplia: según datos del Banco Central Europeo, los sistemas de tarjetas internacionales representan alrededor de dos tercios de las transacciones con tarjeta en la zona euro. Para las autoridades europeas, esta dependencia de proveedores externos se ha convertido en un motivo de preocupación estratégica.

El efectivo, entre la tradición y la logística

Aunque el efectivo sigue siendo el único dinero emitido directamente por el banco central disponible para el público, su uso durante los Juegos ha sido irregular.

En algunos espacios vinculados al evento, como el supermercado de la cadena Esselunga dentro del centro de prensa olímpico, inicialmente solo se aceptaban pagos con tarjeta para agilizar el servicio. Esto provocó escenas poco habituales: periodistas devolviendo productos en caja porque no podían pagar en efectivo.

Las autoridades europeas, mientras tanto, siguen debatiendo cómo garantizar que el efectivo continúe siendo una opción obligatoria para comercios y servicios, salvo en casos específicos como pagos remotos o sistemas automatizados.

Infraestructuras de pago en entornos extremos

Los Juegos de Milán-Cortina se celebran en sedes repartidas entre ciudades y estaciones alpinas. Esta geografía plantea retos logísticos importantes para los sistemas de pago digitales.

En zonas de alta montaña, donde se disputan muchas competiciones, las infraestructuras tecnológicas pueden verse afectadas por condiciones meteorológicas adversas como ventiscas, fuertes nevadas o incluso aludes. Estos fenómenos pueden provocar interrupciones en comunicaciones o electricidad, lo que complica la operativa de pagos electrónicos si no existen sistemas alternativos.

Por ello, expertos en sistemas de pago señalan que mantener métodos complementarios como el efectivo o soluciones que funcionen sin conexión puede resultar crucial en eventos masivos celebrados en entornos climáticos extremos.

Un debate que va más allá del deporte

La cuestión de los pagos en los Juegos Olímpicos refleja un problema más amplio: las consecuencias de no fomentar la diversidad de medios de pago en grandes eventos internacionales. Cuando se limita la aceptación a un único sistema o a un número reducido de opciones, se generan fricciones innecesarias para los usuarios, se excluye a determinados colectivos y se incrementa la dependencia de infraestructuras concretas.

Además, esta falta de diversidad reduce la resiliencia del sistema de pagos. En contextos como unos Juegos Olímpicos de invierno, donde las condiciones meteorológicas pueden afectar a las redes eléctricas o de comunicación, contar con alternativas como el efectivo no es solo una cuestión de elección, sino de seguridad operativa.

Milán-Cortina 2026 demuestra que, mientras el deporte avanza hacia modelos cada vez más inclusivos, como reflejan los Juegos Paralímpicos, los sistemas de pago aún no han hecho ese mismo recorrido hacia la diversidad y la accesibilidad real. Porque si el deporte es capaz de adaptarse para no dejar a nadie atrás, quizá los medios de pago deberían empezar a hacer lo mismo.

BIBLIOGRAFÍA

Za, V., & Navach, G. (2026, February 15). Visa's Olympics monopoly highlights Europe's payment headache. Reuters.