Observatorio
El artículo de The Economist: Why Europe is rediscovering the virtues of cash, describe el cambio de paradigma que se está produciendo en Europa en torno al dinero en efectivo, tras años en los que los pagos digitales fueron presentados como el destino natural e inevitable de los sistemas monetarios. Durante más de una década, el avance de las aplicaciones de pago, las tarjetas y las transferencias electrónicas fue interpretado como sinónimo de modernidad, eficiencia y progreso. Sin embargo, aquí se señala que este consenso empieza a resquebrajarse: autoridades, tribunales y una parte creciente de la sociedad perciben que una digitalización casi total puede haber generado nuevas fragilidades.
El norte de Europa y el efectivo
Los ejemplos más sonados sobre la disminución del efectivo en la vida cotidiana son del norte de Europa, en los países de Suecia y Noruega. En Suecia, el 90 % de las compras se realizan mediante pagos digitales y menos del 1 % del PIB se mantiene en forma de billetes y monedas. La pandemia aceleró esta tendencia, normalizando el pago sin contacto y reduciendo aún más la presencia del efectivo en comercios y servicios.
Este proceso ha ido acompañado de un fenómeno significativo: la negativa creciente de los negocios a aceptar efectivo. En 2024, el 12 % de los comercios europeos rechazaba directamente billetes y monedas, frente al 4 % apenas tres años antes. En países como los Países Bajos, más de uno de cada tres cines ya no admite pagos en efectivo. Desde la perspectiva comercial, el efectivo ha pasado de ser una herramienta universal a convertirse en un medio de pago a la par que las tarjetas y pagos sin contacto.
Otras partes de Europa: el efectivo como norma social y económica
Otras partes de Europa, sin embargo, ofrecen un contraste relevante. En el sur del continente, el efectivo sigue siendo el medio de pago habitual que se utiliza mayor frecuencia. Según el autor del artículo, Peter Schranck, se debe a factores estructurales: niveles de renta más bajos, una mayor presencia de pequeños negocios y una economía cotidiana en la que el dinero físico sigue siendo esencial. En estos contextos, el efectivo no es solo un instrumento de pago, sino un elemento profundamente integrado en la vida social y económica.
Alemania y Austria: privacidad, memoria histórica y resistencia cultural
Alemania y Austria aparecen como casos intermedios. Ambos países mantienen un apego cultural al dinero físico, motivado en gran medida por el valor que se concede a la privacidad y por la memoria de Estados históricamente intrusivos. El efectivo se percibe como una garantía frente al control excesivo y la vigilancia. No obstante, incluso en estos países el uso del efectivo está disminuyendo, lo que refuerza la idea de que la presión hacia la digitalización es generalizada en toda Europa.
Infraestructura y resiliencia del sistema de pagos
Actualmente, Europa cuenta con aproximadamente la mitad de cajeros automáticos por habitante que Estados Unidos, y el número sigue descendiendo. Estos datos ilustran hasta qué punto la infraestructura del efectivo se ha debilitado, aumentando la dependencia de sistemas electrónicos que requieren electricidad, conectividad y estabilidad tecnológica.
El giro institucional
Ante estas vulnerabilidades, se destaca un cambio de enfoque por parte de las autoridades europeas. Sentencias judiciales, como la del Tribunal de Justicia de la UE en 2021, han reafirmado que el dinero en efectivo debe ser aceptado en cualquier establecimiento. Más recientemente, los ministros de los 27 Estados miembros han reiterado su voluntad de impedir que los comercios rechacen billetes y monedas. Las futuras normas permitirán los pagos digitales, pero exigirán mantener el efectivo como medio de pago.
Europa no está protagonizando un retorno nostálgico al pasado, sino un ajuste estratégico. El objetivo no es frenar la innovación digital, sino preservar el efectivo como un elemento de resiliencia, inclusión financiera y libertad de elección en un sistema de pagos cada vez más digitalizado.
Bibliografía
The Economist. (2026, 8 de enero). Why Europe is rediscovering the virtues of cash.