El Informe de Inclusión Financiera 2025 del Banco de España analiza la evolución del acceso presencial a los servicios bancarios entre 2021 y 2024, así como los hábitos de acceso y uso del efectivo de la población española. Su principal conclusión es positiva: la exclusión financiera territorial se ha reducido de forma significativa en los últimos años. Sin embargo, detrás de esta mejora emerge una reflexión importante: ¿equivale disponer de un punto de acceso ocasional a contar con un acceso verdaderamente garantizado?

Menos oficinas, más cobertura

Entre 2021 y 2024, la población residente en municipios sin acceso presencial a servicios bancarios cayó un 33,5 %, pasando de 654.644 a 435.340 personas. En términos relativos, supone reducir del 1,4 % al 0,9 % la población española sin acceso en su municipio.

Además, 608 municipios dejaron de figurar como excluidos financieramente, de modo que el número total de municipios sin ningún punto de acceso presencial descendió de 3.246 a 2.638.

Todo ello se produjo pese a que continuó disminuyendo la red tradicional. Durante este período cerraron 1.637 oficinas bancarias (-8,6 %) y desaparecieron 1.047 cajeros automáticos (-2,4 %), reduciéndose el número total de puntos de acceso presencial un 2,5 %.

La mejora de los indicadores se explica, principalmente, por el despliegue de oficinas móviles.

Solo en 2024, los ofibuses aumentaron un 118 %, incorporando 964 nuevos puntos de acceso. Entre 2021 y 2024, permitieron que 540 municipios dejarán de aparecer en las estadísticas como municipios sin acceso y facilitaron servicios bancarios a 185.433 personas.

Su impacto ha sido especialmente notable en los municipios más pequeños. En las localidades de menos de 500 habitantes, los puntos de acceso aumentaron un 55,2 %. Esto permitió que 485 municipios y 115.534 residentes ganaran acceso presencial a servicios bancarios.

Sin embargo, la realidad sigue siendo compleja: a finales de 2024 todavía había 2.531 municipios de menos de 500 habitantes sin ningún punto de acceso, lo que representa el 63,4 % de este tipo de municipios.

Junto a los ofibuses, el ecosistema de acceso al efectivo se ha diversificado con fórmulas como Correos Cash, el cashback o el cash-in-shop. Sin embargo, el Banco de España ha optado por no incluir estos canales en sus estadísticas de accesibilidad al considerar que los datos disponibles no presentan la suficiente precisión. Según el Observatorio de Inclusión Financiera del Ivie, España contaría con 11.564 puntos de cashback y 2.347 puntos de cash-in-shop, cifras que muestran que la red de acceso al efectivo es más amplia de lo que reflejan los indicadores tradicionales. La cuestión, una vez más, no es solo cuántos puntos existen, sino hasta qué punto son conocidos, utilizados y capaces de responder a las necesidades reales de la población.

Más allá del acceso teórico

Precisamente por ello, quizá la reflexión más interesante del informe no sea estadística, sino conceptual.

El propio Banco de España concluye que es necesario poner el foco "no solo en la existencia de puntos de acceso, sino en la facilidad de acceso a los mismos".

Porque que un municipio deje de considerarse excluido financieramente no significa necesariamente que sus habitantes dispongan de un servicio equiparable al de un cajero o una oficina estable.

Los ofibuses operan en días concretos y franjas horarias limitadas. Muchas personas mayores deben adaptar sus gestiones financieras al horario del autobús. Otras optan por retirar mayores cantidades de efectivo para cubrir periodos más largos entre visitas. Además, en pequeños municipios donde todos conocen cuándo llega el servicio, algunos vecinos manifiestan preocupación por la exposición que supone acudir a retirar dinero y regresar posteriormente a sus domicilios.

A ello se suma otra cuestión menos visible: en determinados territorios, estos servicios reducen su actividad o se reorganizan fuera del periodo lectivo. Esto plantea una pregunta legítima: ¿cómo se garantiza el acceso durante esos meses para quienes permanecen en estos municipios o para aquellas personas que pasan allí las vacaciones?

Un reto todavía abierto

El informe demuestra que las oficinas móviles han sido una herramienta eficaz para mejorar los indicadores de inclusión financiera y evitar que miles de personas quedaran completamente desconectadas de los servicios bancarios.

Sin embargo, también recuerda que la inclusión financiera no debería medirse únicamente por la presencia de un punto de acceso en un mapa. La frecuencia del servicio, sus horarios, la seguridad percibida y la capacidad de responder a las necesidades cotidianas de la población son elementos igualmente importantes.

Esta realidad también interpela tanto a las entidades bancarias como a las autoridades competentes. Es comprensible que las entidades adapten sus redes de distribución a criterios de eficiencia y rentabilidad. Sin embargo, cuando el efectivo continúa siendo el principal medio de pago utilizado a diario por el 54,5 % de la población y por cerca del 80 % de las personas mayores de 64 años, el acceso a servicios financieros básicos trasciende la lógica estrictamente empresarial para convertirse en una cuestión de interés general.

El propio informe pone de manifiesto que factores como la edad, el nivel de renta, el lugar de residencia o el nivel educativo siguen influyendo de forma significativa en los hábitos de pago y en el acceso a los servicios financieros. Las decisiones sobre el cierre de oficinas o la sustitución de servicios permanentes por alternativas más limitadas tienen repercusiones directas sobre estos colectivos y afectan especialmente a quienes cuentan con menor capacidad de adaptación: personas mayores, habitantes del medio rural, ciudadanos con menores ingresos o con menor alfabetización digital. Garantizar una verdadera inclusión financiera exige, por tanto, una corresponsabilidad entre el sector financiero y los poderes públicos.

El reto, ya no es solo llegar a más municipios, sino garantizar que ese acceso sea realmente útil, suficiente y adaptado a quienes más dependen de él.

Bibliografía