Observatorio
A principios de febrero, el mercado de metales preciosos vivió uno de los episodios más abruptos de los últimos años. Tras alcanzar nuevos máximos históricos, el oro y la plata sufrieron caídas de una magnitud que sorprendió a la comunidad internacional.
El oro había alcanzado su máximo histórico superando los 5.580 dólares por onza impulsado por la fuerte demanda de activos refugio a finales de enero. La inflación persistente en las principales economías, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la guerra en Ucrania y el temor a una escalada en Irán reforzaban la búsqueda de protección. Además, el mercado anticipaba posibles recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, un escenario que suele debilitar el dólar y favorecer al metal.
Sin embargo, en pocas horas todo cambió. El viernes 30 de enero, el oro registró su mayor caída diaria en más de cuatro décadas, desplomándose casi un 16%. El lunes siguiente perdió otro 3,3%, hasta situarse en torno a los 4.545 dólares por onza.
La plata protagonizó un movimiento aún más extremo. Tras marcar un máximo histórico de 121,64 dólares por onza, cayó cerca de un 41%, hasta rondar los 72 dólares antes de estabilizarse parcialmente. El repunte previo había estado alimentado por la especulación y por expectativas elevadas de demanda industrial, especialmente en sectores como la electrónica, la inteligencia artificial y la energía.
Los factores que cambiaron el mercado
El giro brusco se explicó principalmente por dos decisiones que alteraron radicalmente el mercado:
La primera fue la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal. Los mercados interpretaron su llegada como una señal de política monetaria más firme frente a la inflación. El resultado fue un fortalecimiento del dólar, lo que redujo el precio del oro, que cotiza en esa divisa.
La segunda fue la decisión de la Bolsa Mercantil de Chicago (CME) de aumentar los requisitos de margen para operar con futuros de oro y plata. Al elevar las garantías exigidas para posiciones apalancadas, muchos operadores se vieron obligados a liquidar contratos, acelerando las ventas.
¿Hacia dónde se dirige el mercado?
Más que preguntarse si estamos ante el inicio de una nueva crisis o simplemente ante una fluctuación de mercado, como apuntaban algunos analistas, lo ocurrido a principios de febrero invita a una reflexión más profunda. La rapidez con la que el mercado pasó del máximo histórico a la liquidación masiva demuestra hasta qué punto los precios están condicionados por especulaciones monetarias, por decisiones regulatorias en los mercados y por la fortaleza del dólar.
En el caso de la plata, el hecho de que el mercado se encamine hacia su sexto año consecutivo de déficit estructural, estimado en 67 millones de onzas para 2026, revela que, más allá de la volatilidad diaria, existen problemas estructurales en el mercado. Aunque la fabricación industrial de plata parece que disminuirá un 2%, la inversión física crecerá un 20%, mientras que se estima que el suministro mundial de plata aumente tan sólo un 1,5%.
Que los bancos centrales y los grandes inversores sigan atentos a estos movimientos no es casual. Más allá del precio puntual, lo que observan es la función que estos activos cumplen en un entorno de inflación persistente, con tensiones geopolíticas y cambios en la política monetaria. El oro continúa siendo una herramienta de diversificación de reservas y de protección frente a riesgos cambiarios y financieros.
La cuestión de fondo es: qué implica todo esto para el futuro de los activos tangibles en general. Si incluso el oro, tradicional refugio, puede experimentar episodios de volatilidad extrema por ajustes técnicos y decisiones monetarias, el debate se desplaza hacia la necesidad de mantener instrumentos de respaldo y diversificación dentro del sistema financiero.
En un contexto donde las expectativas, la liquidez y las decisiones de los bancos centrales condicionan con tanta intensidad los mercados, la estabilidad no parece depender solo de la tecnología o de la digitalización, sino también de la existencia de activos físicos que actúen como referencia y reserva. Lo ocurrido a principios de febrero no cierra el debate; al contrario, lo amplía.
Bibliografía
Rising investment to keep global silver demand steady in 2026, Silver Institute says.