En 2025, el 73 % de la población mundial sufrió de manera directa o indirecta algún tipo de fraude digital. Este dato demuestra que no se trata de un fallo aislado, ni de un problema técnico puntual, sino de una tendencia global que crece al mismo ritmo que nuestra dependencia de lo digital. Así lo advierte el Global Cybersecurity Outlook 2026, el informe anual del Foro Económico Mundial que analiza los principales riesgos cibernéticos a los que se enfrentan gobiernos, empresas y ciudadanos.

Gráfica 1: Porcentaje de personas que aseguran haber sido afectadas por un ciberataque en los últimos 12 meses en las diferentes regiones del mundo. 

Un ecosistema cada vez más frágil

El 94 % de los expertos encuestados considera que la inteligencia artificial será el factor que más influya en la ciberseguridad en los próximos años. Y no solo para proteger, sino también para atacar.

Hoy, los delitos digitales ya no requieren grandes conocimientos técnicos. La IA permite automatizar estafas, suplantar identidades, crear mensajes falsos casi indistinguibles de los reales y atacar a miles de personas de forma simultánea. El resultado es un aumento del fraude digital, que por primera vez supera al ransomware como la principal preocupación de directivos y responsables de seguridad.

En otras palabras: no hace falta “hackear” un sistema complejo cuando basta con engañar a las personas.

 

La confianza, en riesgo

Uno de los aspectos más preocupantes del informe es la pérdida de confianza. Cada vez más ciudadanos dudan de la capacidad de las instituciones y las empresas para proteger sus datos, su identidad y sus transacciones. Y no es una percepción infundada: el 65 % de las grandes organizaciones reconoce tener importantes vulnerabilidades en sus cadenas digitales, especialmente a través de terceros y proveedores. 

Un fallo en un solo punto puede provocar un efecto dominó que paralice servicios esenciales, bloquee sistemas de pago o impida el acceso a recursos básicos. Cuando todo está interconectado, el error deja de ser local y pasa a ser sistémico. 

 

Geopolítica y ciberataques: una combinación peligrosa

El informe también alerta de que las tensiones internacionales están trasladándose al ámbito digital. Ataques cibernéticos con motivaciones políticas, económicas o estratégicas son cada vez más frecuentes. Infraestructuras críticas, servicios financieros y plataformas digitales se han convertido en objetivos habituales.

El problema es que el mundo digital no entiende de fronteras, pero la defensa sigue siendo, en gran medida, nacional. Esta falta de coordinación global debilita la capacidad de respuesta ante incidentes graves y deja a millones de personas expuestas a fallos que escapan a su control.

 

Gráfica 2: Nivel de confianza en la capacidad nacional para responder a ataques cibernéticos contra infraestructuras críticas.

 

Gráfica 3:  Impacto de la inestabilidad geopolítica en las estrategias de ciberseguridad.

 

Dependencia total, riesgo total

Uno de los mensajes de fondo del Global Cybersecurity Outlook 2026 es claro: hemos avanzado muy rápido en digitalización, pero no al mismo ritmo en resiliencia. La comodidad, la rapidez y la eficiencia han llevado a concentrar cada vez más funciones esenciales en sistemas digitales que, aunque útiles, no son infalibles.

Cuando una persona, una empresa o una sociedad entera depende de un único canal, cualquier interrupción puede dejarla sin alternativas. La digitalización absoluta elimina el margen de maniobra.

Podemos hablar, por tanto, de que las principales amenazas que se perfilan son fraudes cada vez más automatizados, interrupciones de servicios esenciales y una dependencia creciente de infraestructuras y proveedores digitales, que amplifica el impacto de cualquier fallo. Cuando lo digital se detiene, el riesgo ya no es individual, sino colectivo.

 

Recuperar el equilibrio

El Foro Económico Mundial insiste en la necesidad de invertir no solo en tecnología, sino también en conciencia, educación y diversificación de riesgos. No se trata de rechazar la innovación, sino de no delegar completamente nuestra autonomía en sistemas vulnerables

 

Referencias: