La importancia de tener euros en el bolsillo: "Para las personas con discapacidad no poder utilizar dinero en efectivo supone una discriminación más"
Tocar con las manos las monedas y los billetes es fundamental para que muchos ciudadanos sean independientes en sus finanzas personales. Los ciberataques y las guerras han puesto de moda el 'kit' de supervivencia en Europa, donde se recomienda tener entre 70 y 100 euros por persona guardado en casa. El gran apagón fue el mejor ejemplo.
Seis de cada 10 pagos en comercios, restaurantes o gasolineras en España se sigue haciendo en efectivo. Es algo sorprendente si tenemos en cuenta que hay países como los nórdicos donde el uso del dinero contante y sonante prácticamente ha desaparecido...aunque están dando marcha atrás. El mundo avanza hacia la extinción del dinero físico, hacia el euro digital -promovido por el BCE-, hacia un Bizum europeo que podrá utilizarse para el pago en comercios a pie de calle dentro de dos semanas o hacia el 'wallet' (o cartera) que se utiliza en el móvil de Apple o los dispositivos Android de Google. La guerra a la impresión de billetes lleva años fraguándose y resulta que cuando la batalla estalla de verdad en Ucrania o en Oriente Próximo o cuando llega el 'gran apagón', como sucedió en España hace ahora un año, los euros en el monedero son más necesarios que nunca.
Javier Rupérez, conocido por su perfil diplomático al haber sido embajador de España en EEUU y ante la OTAN, es hoy director de Denaria, una plataforma que busca defender el uso del efectivo en nuestro país. Lideran la comitiva no solo porque creen que es compatible con el mundo moderno, sino porque garantizar el acceso a euros -monedas y billetes- es respetar el principio de igualdad entre todos los españoles. Tocar con las manos el dinero en metálico es absolutamente necesario para personas invidentes, pero también lo es para quienes tienen algún de discapacidad, para las personas con síndrome de Down -a quienes facilita los cálculos en sus finanzas personales-, pero también para los colectivos de personas mayores que no entienden bien la tecnología; para quienes viven en zonas rurales donde la conexión wifi no llega y donde los cajeros cada vez son menos, e incluso en la educación financiera de los más pequeños de la casa.
"Nos preocupa el acceso al efectivo. Los bancos privados han considerado que eso no era un buen negocio y se ha producido un cierre importante de cajeros. El efectivo está reconocido como una obligatoriedad para el pago en España; y de hecho trabajamos en una propuesta legal" para hacer que también sea obligatorio dar acceso a él. Es decir, en nuestro país todo comercio e institución pública o privada no puede negarse a recibir dinero en metálico, según el límite máximo permitido de 1.000 euros, pero la ley no protege ni la presencia de cajeros ni de sucursales en los distintos municipios, que no deja de ser al arbitrio privado de las entidades, que son quienes gestionan.
El número de cajeros en nuestro país asciende a 43.310, según cifras de 2025 recogidas por el Banco de España. Hay 138 más que el año anterior y es la primera vez que aumenta esta cifra desde 2019. Habría que ver el peso que tienen los neobancos en ello (solo Revolut se comprometió a abrir 200 cajeros en nuestro país entre 2025 y 2026). Ahora bien, si se mira la tendencia histórica, desde la crisis financiera de 2008 los bancos han cerrado cerca de 18.000 cajeros en España, entre ahorro de costes y fusiones y adquisiciones de un sector cada vez más concentrado. Esto afecta, principalmente, a las zonas más despobladas y zonas rurales donde sus ciudadanos deben, incluso, trasladarse a poblaciones cercanas para poder sacar dinero en una sucursal bancaria.
UNA DOBLE DISCRIMINACIÓN
Agustín Matía es presidente de Down España. Él conoce de cerca la casuística particular de quienes tienen síndrome de Down, unas 33.000 personas en nuestro país (1.500 de ellos por debajo de los seis años, según estimaciones de la asociación) y la importancia que tiene manejar el dinero físico. "Hacemos mucho trabajo en que ellos desarrollen habilidades de cálculo en lo que respecta al dinero", para que sean independientes, y que "aprendan a manejarlo de forma ordinaria y esto es una dificultad añadida cuando el dinero no es tangible", sostiene Matía que subraya que "el dinero virtual es mucho más abstracto" y es más difícil que puedan gestionarlo adecuadamente.
"Se trabaja con las familias para que no les dejen fuera del flujo económico" de los hogares, las finanzas del día a día. "Deben saber manejar cambios, las vueltas de dinero" al comprar en comercios y también dice que es habitual que colaboren con entidades financieras en este tipo de talleres de inclusión.
"Todo ese grupo ciudadano de personas con discapacidad tienen los mismos derechos (...) y hay otra cuestión general que es transversal y es que es un colectivo muy heterogéneo, lo que multiplica el riesgo de exclusión, como por ejemplo entre las personas mayores que tienen una discapacidad", explica Pilar Villarino, directora ejecutiva del CERMI Estatal (el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad). Su posición es sencilla: lo analógico y lo digital deben convivir por muchos motivos. "Hay otras dimensiones relacionadas con la alfabetización, también con la asequibilidad. Si sufres un mayor riesgo de pobreza no vas a tener acceso a un terminal de móvil o va a exitir una brecha de conectividad [según la capacidad de poder tener, por ejemplo, conexión wifi en casa]", algo que sucede también en zonas rurales "donde puede ser complicado conectarte vía Internet a tu entidad financiera cuando quieres hacer determinados pagos, o a lo mejor no hay suficientes oficinas o cajeros".
Y pone el acento en otra necesidad de personas que, por ejemplo, tienen dificultades a la hora de caminar, de ver o de moverse y es el acceso físico y la atención personalizada en las oficinas bancarias. "Si necesito disponer de dinero en efectivo tengo que tener una atención prioritaria", denuncia que no siempre se da. No solo hay menos cajeros en nuestro país; el número de oficinas se ha desplomado drásticamente desde la crisis financiera. Según el Banco de España, en la actualidad existen 17.178 oficinas bancarias dentro de nuestras fronteras. El último informe elaborado por el IVIE (Instituto Valencia de Investigaciones Económicas) revela que existen 3.861 municipios en España sin oficina ni cajero, que afectan a más de 1,1 millones de personas. Salamanca, Burgos, Guadalajara y Ávila son las cuatro provincias donde más localidades carecen de estos servicios mínimos para el uso de efectivo; ahora bien si se mira en términos de población afectada León cuenta con más de 90.000 ciudadanos sin acceso directo a cajero ni sucursal, seguida del área de Barcelona con otras 88.000.
EN 'GUERRA' CONTRA LOS BILLETES
En su informe 'Keep calm and carry cash' el Banco Central Europeo analizaba el año pasado cómo el efectivo actuó de salvavidas en distintas crisis: tras el estallido del Covid-19, la invasión rusa de Ucrania y también durante el apagón que afectó a la península ibérica el 28 de abril de 2025. "El gasto con tarjeta bancaria en las zonas afectadas se desplomó un 41%-42%, mientras que el consumo online cayó cerca del 54% en aquellas horas", citando como fuente el informe sobre pagos que elabora CaixaBank Research en sus propias tarjetas, con una cuota de mercado cercana al 40% -la mayor de España-. El banco central recuerda cómo se desplomaron los niveles de retirada de efectivo en aquellas zonas donde los cajeros dejaron de funcionar, frente al repunte muy destacado de las regiones menos afectadas por el apagón.
Parecía el fin del mundo en las grandes ciudades. Un reconocido economista del país cuenta cómo el apagón le cogió en plena Gran Vía madrileña donde centenares de personas se agolpaban (y desesperaban) ante cajeros automáticos que dejaron de funcionar. Otros, como el de CECA, en las proximidades de esta arteria central tenían un generador propio y quienes acudieron allí respiraron tranquilos con su dinero en el bolsillo en medio del caos.
Antes de que España se fuera a negro, "un 39% de los españoles tenían reservas de efectivo en caso como precaución", con datos del BCE del año 2024. Después, y como consecuencia de aquel episodio, el BCE espera que los españoles aumenten el dinero que guardan en un cajón de su casa para imprevistos los próximos años. La actualidad geopolítica viene a reforzar esta teoría.
"Defendemos que el efectivo tenga que protegerse y existir. La amenaza de ciberataques es imparable y pueda afectar a los pagos digitales", ahora que están tan respaldados por las autoridades europeas y las empresas privadas. "Es como si a un edificio con escaleras se le construye un ascensor. A nadie se le ocurriría quitar las escaleras que ya existen", comenta Ana Borredá, presidenta de la fundación que lleva su nombre y que aglutina a las grandes empresas de seguridad del país, haciendo una comparación con los intentos de dejar casi en el esqueleto la accesibilidad y el uso del efectivo.
No existe una cifra de consenso, pero algunos países europeos aconsejan tener en casa unos 70 euros por persona en efectivo, en una cifra que llega a los 100 euros en aquellos que viven en una tensión silenciosa, como los nórdicos o Alemania, ante su cercanía con Rusia y la frecuencia de los ataques cibernéticos a sus infraestructuras. Esto es especialmente relevante en el norte de Europa donde el uso del efectivo llegó a ser residual los últimos años y ahora se está viendo cierto repunte. Es el caso de Finlandia, de Noruega, Suecia y también Dinamarca. Los comercios están autorizados, incluso, a rechazar el pago con monedas o billetes, algo impensable en países como España. El pasado mes de marzo, el banco central sueco, el Riksbank, solicitó a sus ciudadanos que guardaran un mínimo de 1.000 coronas suecas (unos 90 euros) en sus casas, preocupado por la escalada bélica en Oriente Próximo. Marcha atrás en lo que estaba siendo un país pionero en la desaparición del dinero físico.
Así lo reflejan los datos. Los últimos, de 2024, del BCE entre los países que utilizan el euro como moneda oficial reflejan cómo los países donde menos se paga en metálico son Holanda y Finlandia, con el 22% y el 27% de las transacciones en establecimientos. De hecho, el 20% de los holandeses ya pagaba hace dos años a través del móvil, con cifras muy alejadas del resto de los europeos. En España esta cifra es del 7%. El informe viene a confirmar la narrativa que tienen los europeos en mente: se paga en efectivo cuanto menos es la cuantía (con 7 de cada 10 operaciones de menos de 5 euros; y un 60% entre 5 y 10 euros); la mitad de los jóvenes no huele el dinero en efectivo; y a más edad, más uso.
En España, en concreto, casi el 60% de los pagos en comercio se sigue haciendo en efectivo, sobre todo en restaurantes y en gastos del día a día, como hacer la compra o ir a por el pan. Solo la mitad lo utiliza para repostar combustible en la gasolinera y cae hasta el 33% en el pago de hoteles, una cifra que ha repuntado los últimos años. La realidad la tendencia se impone y en todos los casos el uso del efectivo es menor hoy que cinco años atrás a nivel europeo.
EL EURO DIGITAL Y EL FRAUDE
Es cierto que la Unión Europea ha tomado dos caminos diferentes, forzada por las circunstancias. De un lado, Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha bautizado al euro digital como el principal legado de su mandato que finalizará, si nada lo impide, a finales del año que viene. El objetivo europeo es combatir el duopolio de compañías como Visa y Mastercard en los sistemas de pago y el oligopolio de las grandes tecnológicas que son quienes gestionan la nube donde se almacenan, en última instancia, los millones de datos de los usuarios de bancos.
En este momento, se está impulsando un reglamento europeo, explica Francisco Rodríguez, para hacer que "todos los estados miembros garanticen el acceso, aceptación y resiliencia" del dinero en metálico, algo que ahora mismo no sucede en todos los estados, y ni siquiera en España es obligatorio facilitar su acceso, ya que depende de entidades privadas tanto el suministro como su seguridad. "El efectivo se está revelando en algunos momentos como algo muy usado", en países como Alemania y los nórdicos, donde conviven diariamente con ciberataques y amenazas rusas.
Existe un "vacío de responsabilidad legal", denuncia Javier Rupérez: "El banco central emite los billetes y monedas, pero ninguna norma obliga expresamente a las entidades de crédito a distribuirlos y ponerlos a disposición de los ciudadanos. Esa ausencia de obligación jurídica explícita es lo que ha permitido que la infraestructura se contraiga por decisiones de rentabilidad privada sin que nadie responda por el resultado colectivo".