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¿Se acerca el fin del dinero en efectivo? Suecia reabre el debate

El país nórdico se prepara ya para ser la primera economía sin billetes ni monedas. El 82% de los españoles rechaza, por ahora, su desaparición por las ventajas de la privacidad de las transacciones.

La historia de la Unión Europea y de la Unión Económica y Monetaria ha estado salpicada de contratiempos. La introducción del euro tampoco está siendo un paseo cómodo desde su gestación, en la Cumbre de Madrid, de diciembre de 1995. Lanzado oficialmente el 1 de enero de 1999, inicialmente, sólo once de los 15 países que entonces formaban parte de la UE estuvieron en condiciones de utilizarlo. Grecia fue autorizada en el año 2000, pero Reino Unido, Dinamarca y Suecia mantuvieron (y mantienen) sus divisas nacionales, gracias a la concesión de algunas excepciones para que ratificaran el Tratado de Maastricht.

Hoy, todavía, cinco países de la UE siguen sin poder utilizar el euro al no cumplir las condiciones económicas exigidas: Polonia, Hungría, República Checa, Rumanía y Bulgaria. Algunos otros, como Finlandia, se negaron a utilizar monedas de 1 y 2 céntimos desde la puesta en circulación de la moneda única, al no considerarlas útiles por su escaso valor facial. Otros, como Irlanda, Holanda, Italia o Bélgica, este último en 2019, han ido apartándolas de la circulación y dejando la moneda de 5 céntimos como la de menor valor facial.

Ahora, un miembro de la Unión Europea, aunque no de la Eurozona, Suecia, se ha planteado la eliminación paulatina del efectivo (monedas y billetes) como medio de pago a lo largo de este mismo año; todo lo más, el próximo. La razón la explica su propio banco central, el Riksbank, el más antiguo del mundo: en el año 2010, un 39% de la población utilizó el dinero en efectivo como forma habitual de pago; en 2021, apenas lo hizo el 7%, cifra que se reducirá algo más este mismo año. Es una situación desconocida, como lo fue la salida de Reino Unido de la Unión Europea el 31 de enero de 2020.

La pregunta que flota en el ambiente es si la decisión de Suecia puede ser seguida por algún otro país y si es posible que una situación similar se pudiera dar en España en los próximos años. Aunque la digitalización de los pagos se ha extendido como consecuencia de la pandemia, en España, según una reciente encuesta realizada para el Banco de España, tres de cada cinco personas, es decir, el 60% de la población, “asegura utilizar dinero en efectivo a diario”, aunque los datos varían mucho en función de la edad, el sexo y el nivel de estudios. Pero hay otro más contundente: el 82% de los españoles rechaza la desaparición del efectivo y un 83% ve útiles las monedas.

En las grandes superficies, el dinero en efectivo supone hoy alrededor del 40% del importe total de las operaciones. En el pequeño comercio y la hostelería, la mayoría de los cobros del último año se realizaron en efectivo, La encuesta asegura que la mitad de los establecimientos acude a una entidad bancaria para garantizarse el cambio y el resto lo obtiene con la recaudación. En aquellos municipios sin oficina bancaria estable, los medios de pago electrónicos son utilizados en una menor proporción.

La práctica totalidad de la población española posee dinero en efectivo; el 88%, tarjeta de crédito; el 23%, dispositivos móviles de pago; el 18%, plataformas de internet, y el 44%, Bizum. Sin embargo, el 99% utiliza el efectivo; el 86%, la tarjeta; el 19%, dispositivos móviles. Cuando a la gente se le preguntó por la utilización diaria de estos medios de pago, el 64% afirmó que usa el efectivo; el de las tarjetas baja al 32%, y al 7% el de los dispositivos móviles.

En España estaban en circulación a cierre de 2022 un total de 88,42 millones de tarjetas, una cifra nunca antes alcanzada, según la estadística del Banco de España. De esa cifra, 47,1 millones correspondía a tarjetas de débito (un 4,78% menos que en el año anterior) y 41,36 millones, a tarjetas de crédito (un 7,28% más que a finales de 2021).

Para situarnos, el número de tarjetas de crédito es similar al que había en 2012 y está muy lejos de las que circulaban en 2017: 52,35 millones. En cuanto al número de tarjetas de débito, la cifra es parecida a la de 2018, lejos de récord establecido en 2021, con 49,44 millones de unidades.

Según el Banco de España, el número de operaciones de compra realizadas en terminales de punto de venta ascendió el pasado año a 7,39 millones (21,13% más en tasa interanual), por un importe de 233.582 millones de euros, un 19,63% más.

Peso del dinero en efectivo

Para darse cuenta de la importancia del efectivo en la economía nacional, basta con analizar los datos de las operaciones de retirada de efectivo en cajero: 681.182 en 2022, por un importe de 119.799 millones de euros, un 7,8% más que en el año anterior. Uno de los detalles a observar es que la retirada de efectivo ha ido creciendo trimestre a trimestre, desde los 26.733 millones del primero, hasta los 32.660 millones entre octubre y diciembre.

Alrededor de la mitad de la población usa efectivo diariamente, pero no tarjeta; el 18% usa a diario la tarjeta, pero no el efectivo, y un 14% de los encuestados dice usar diariamente las dos formas de pago más habituales. El efectivo triunfa sobre las tarjetas en los pagos de hasta 50 euros; a partir de esa cantidad cobra peso el uso de la tarjeta. El importe medio de los pagos realizados con tarjeta duplica al de los realizados con efectivo (52,4 euros, frente a 25,9).

De acuerdo con la memoria anual del Banco de España, a 31 de diciembre del año pasado había en circulación 172.460 millones de euros en billetes emitidos, 3.033 millones más que a cierre de 2021. Como media, un ciudadano suele llevar normalmente hasta 20 euros (31,4% de los encuestados) y hasta 50 euros (el 76%). En monedas, 5,8 euros.

La prioridad del anonimato

¿Cuáles son las razones que aducen los ciudadanos españoles para usar dinero en efectivo en sus compras? La principal, la privacidad, el anonimato. Un 47,2% la sitúa como factor principal. El segundo es su alternativa frente a la indisponibilidad de los pagos electrónicos (13,1%), y la tercera, su protección frente a ciberataques (12,6%). La “antiSuecia”, en definitiva.

Puede que este porcentaje dé respuestas esté íntimamente ligado con el peso de la economía sumergida en España. Aunque, como parece lógico, no hay datos oficiales, las fuentes más fiables apuntan a que supone entre el 18 y el 20% del PIB. Una digitalización de las transacciones comerciales “perjudicaría” a los ciudadanos y beneficiaría, según Javier Santacruz, economista, a Hacienda, porque pasaría a controlar todos los movimientos de dinero, por pequeños que sean, y a los bancos centrales, que sacarían partido a sus proyectos de divisas digitales.

Fuente: Voz Pópuli